La mirada fotográfica de Pio Cabanillas a Anatolia. «Roca, Refugio, Fe, Vida»

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Hay exposiciones que se contemplan. Y hay otras que se recorren casi como un viaje interior. Roca, refugio, fe y vida. El universo de Anatolia, del fotógrafo Pío Cabanillas, pertenece claramente a esta segunda categoría.

Acudo a la exposición invitada por la embajada de Turquía.

La muestra, dedicada a Türkiye y a los paisajes históricos y humanos de Anatolia, propone una inmersión en una tierra donde la piedra parece guardar memoria. Desde las formas erosionadas de Capadocia hasta las iglesias excavadas en la roca, cada imagen transmite la sensación de que el tiempo no desaparece allí: permanece suspendido.

Lo primero que impacta es la fuerza visual de la roca. No como simple elemento geológico, sino como refugio, hogar y símbolo espiritual. Las fotografías de Capadocia muestran un paisaje casi irreal, moldeado durante siglos por la naturaleza y por las personas que encontraron en esas montañas excavadas un lugar para vivir, rezar y resistir.

“En Türkiye la roca no es solo piedra: es memoria, refugio, oración y vida.”

La exposición conecta continuamente materia y espiritualidad. En las imágenes dedicadas a Göreme, Soganli o el Valle Rojo, los frescos bizantinos aparecen como restos vivos de una fe antigua que todavía respira en las paredes excavadas. Los textos que acompañan las obras hablan de “ocres, azules gastados y rojos que han sobrevivido siglos de polvo y plegaria”, y esa descripción se percibe visualmente en cada fotografía.

Pero la muestra no se queda únicamente en lo religioso o monumental. También hay espacio para la vida cotidiana: el té compartido, los oficios artesanales, los mercados, las calles estrechas y la hospitalidad. La exposición transmite una idea muy poderosa: en Anatolia, lo espiritual y lo cotidiano no aparecen separados.

Especialmente interesante resulta la forma en que la fotografía evita el exotismo fácil. Las imágenes no parecen buscar únicamente belleza estética, sino una cierta profundidad humana. Hay silencio, textura y una sensación constante de permanencia. Como si cada muro, cada rostro y cada paisaje conservaran historias acumuladas durante siglos.

La combinación entre fotografía y texto funciona muy bien. Los paneles informativos no actúan como simples explicaciones, sino como pequeñas piezas literarias que amplían la experiencia visual. En algunos momentos, uno tiene la impresión de estar leyendo un poema sobre piedra, memoria y tiempo.

Salí de la exposición con la sensación de haber recorrido no solo un territorio, sino una manera distinta de entender la relación entre paisaje, historia y vida humana. Una muestra serena, contemplativa y muy coherente visualmente. Y desde luego conociendo un poquito mejor la cultura turca.

En tiempos de imágenes rápidas y consumo instantáneo, se agradece encontrar una exposición que invita precisamente a lo contrario: detenerse.

Por último decir que el networking también fue muy interesante con embajadores de otros países como Kalsoume Sinare, embajadora de Ghana en España. Y por supuesto una magnifica ocasión, para reencontrarse con amigos.

Con mi querida amiga summitera Antonieta Delgado compañera en el Global Summit of Women

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