Ayer, 18 de junio de 2026, tuve el honor de recibir el reconocimiento como Director Financiero del Año en la I Gala de Premios Empresariales organizada por la Asociación ASPAIN 11 – Unidos por las Finanzas y el Emprendimiento.
Recibir un premio siempre genera emociones difíciles de describir. Por un lado, supone una enorme satisfacción al ver reconocidos años de esfuerzo, dedicación y compromiso profesional. Por otro, invita inevitablemente a detenerse, mirar atrás y reflexionar sobre el camino recorrido.
Cuando pienso en una trayectoria profesional de varias décadas, es fácil centrarse en los resultados obtenidos o en los hitos alcanzados. Sin embargo, con el paso del tiempo uno comprende que los verdaderos logros rara vez son individuales. Detrás de cada decisión importante, de cada proyecto exitoso y de cada desafío superado, hay equipos, compañeros, mentores, colaboradores y personas que han aportado su talento, confianza y apoyo.
Por eso, este reconocimiento tiene para mí un significado especial. Lo recibo con gratitud, pero también con la convicción de que representa el trabajo conjunto de muchas personas con las que he tenido la fortuna de compartir mi carrera profesional. Muchas de ellas me acompañaron ayer y me hicieron muy feliz.

La gala fue una magnífica oportunidad para conocer y escuchar las historias de otros galardonados. Empresarios, emprendedores y directivos con trayectorias muy diferentes, pero unidos por valores comunes: la perseverancia, la capacidad de adaptación, la innovación, el liderazgo responsable y la voluntad de generar un impacto positivo en la sociedad.
En un contexto empresarial cada vez más complejo y cambiante, resulta especialmente valioso reconocer públicamente a quienes contribuyen al desarrollo económico y social desde sus organizaciones. Los premios son importantes, no por el reconocimiento en sí mismo, sino porque permiten visibilizar ejemplos que pueden inspirar a otros profesionales y a las nuevas generaciones.
Como profesora universitaria, tengo la oportunidad de trabajar cada año con estudiantes que se preparan para afrontar los retos del mundo empresarial. Eventos como este me recuerdan la importancia de transmitirles una visión realista del éxito profesional: una visión basada en el aprendizaje continuo, la ética, el esfuerzo sostenido y la capacidad de trabajar con otros para alcanzar objetivos compartidos.
Quiero agradecer a la Asociación ASPAIN 11, a su presidenta Paloma Vasallo Vidal y al jurado la confianza depositada en mí. Asimismo, deseo felicitar al resto de premiados, cuyo talento y trayectoria contribuyeron a que esta primera edición fuera tan especial.

Los reconocimientos tienen valor porque nos recuerdan lo conseguido, pero sobre todo porque nos impulsan a seguir creciendo, aprendiendo y aportando valor.
Y quizás esa sea la lección más importante: entender que el verdadero éxito no consiste únicamente en llegar, sino en seguir avanzando con ilusión, humildad y compromiso.
Muchas gracias a todos los que habéis formado parte de este camino.
