Lectura recomendada -> Fuimos Indómitas de Victoria Gallardo Romera

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Hoy he recibido el mejor regalo de cumpleaños, el libro Fuimos Indómitas de la periodista Victoria Gallardo Romera donde nos muestra desde una visión intimista varios de los oficios desaparecidos de las mujeres de Madrid.

Yo soy hija de telefonista y nieta de cigarrera, ambas gatas, como llamamos a las madrileñas de pura cepa, así que desde antes de ver terminado este libro sabía que me iba a llegar al corazón, como así ha sido.

Victoria me contactó a través de este blog para conocer la historia de mi madre, Antonia Murcia Montero, que fue telefonista en Madrid durante varias décadas. Mantuvimos una agradable entrevista que me hizo rememorar mi infancia y todas las anécdotas que contaba mi madre del emblemático edificio de Telefónica en Gran Vía donde tantos años fuimos mi hermana y yo a merendar y recoger el regalo de Reyes, pues Telefónica de España cuidaba mucho de sus empleados, y siempre de pequeña tuve el sentimiento de que la empresa donde trabajaba mi madre era más una gran familia. Recuerdo los juegos de café que que habían regalado a mi madre clientes (abonados) agradecidos, pues mi madre les había conseguido una de las escasísimas líneas de teléfono en Madrid, y es que por aquellos años tener una línea de teléfono fijo estaba al alcance de muy pocos y aún así, había largas listas de espera.

Recuerdo las anécdotas «amorosas» que relataba mi madre entre telefonistas y ascensoristas,, muy al estilo de las «Chicas del Cable«. Y desde luego los requisitos para acceder al puesto: «Para trabajar de operadora telefónica las mujeres debían cumplir ciertos requisitos: debían tener entre 18 y 27 años, no llevar gafas, estar solteras y ser capaces de estirar los brazos hasta un mínimo de 155 centímetros». Cuántas veces me contaba mi madre lo de tener las manos finas para manejar las clavijas y los brazos largos para conectar todo. Y sobre todo recuerdo las historias que me contaba mi madre de las llamadas que recibían las telefonistas, muchas veces pidiéndoles ayuda para contactar con familiares en pueblos remoto. Las telefonistas realizaban un magnífico servicio público, siempre lo he comparado con los taxistas.

En fin, qué recuerdos para mi y estoy segura que para todos los lectores que se acerquen al libro pues hay muchas profesiones olvidadas que nos han hecho crecer a todos. Historias de mujeres trabajadoras, valientes a las que Victoria hace un magnífico homenaje. GRACIAS.

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